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domingo, 19 de marzo de 2023

(Reflexión) "SALTO AL VACÍO"

Justo hoy hace cuatro años que salí de Badajoz con un depósito cargado de gasolina, una maleta llena de tantos miedos como esperanzas y un corazón roto a pedazos por mil cosas. Fueron de esas decisiones que uno nunca piensa demasiado… de esos impulsos que uno nunca frena lo suficiente.

Quizás fue una decisión valiente o quizás fui un cobarde de mierda, me da igual lo que penséis… pero nunca me he arrepentido. Es la mejor decisión que tomé, sin lugar a dudas, y aún dejando mucho atrás sentí que tenía mucho por delante. Va a ser verdad eso de que a veces hay que dejar cosas atrás para avanzar…
Y fue la primera vez, de dos, en dejarme llevar por esas señales que el destino te manda.

La primera vez que me dejé llevar en mi vida, en general. La primera toma de contacto con esa sensación de dejarlo todo en manos del destino para ver que te depara. Y viniendo de alguien al que le gusta mantener el control de todo lo que le rodea, os podréis imaginar que no fue tarea fácil tirarse a ese vacío incierto. Pero quien me conoce ya sabe que no me ha ido nada mal. El viaje, a solas atravesando el país, fue una terapia necesaria de casi nueve horas e hizo que pisase Barcelona por vez primera, ya anocheciendo y molido física y psicológicamente… pero feliz.  
Y aquí he visto cosas que jamás pensaría, vivido momentos que nunca imaginaría y aprendido lecciones que nunca la vida me había enseñado antes, ni lo habría hecho allí, las cosas como son. Viajes, personas, momentos… ¡La vida va de esto, amigos!

Y pensaréis que a vosotros qué os importa esta fecha pero para mi fue difícil todo aquello y, al otro lado del miedo, encontré de nuevo felicidad. El momento más delicado y duro de mi vida fue el principio de algo nuevo y maravilloso en todos los sentidos que abarca la palabra.

Y puede que lea esto alguien como mi yo de hace cuatro años. Alguien con tanto miedo que le paralice y le impida tomar alguna decisión que desea. Y mi consejo es que lo hagas, si sólo te repercute a ti y al que crees que será tu bienestar. ¡Hazlo! Sin mirar atrás y sin pensarlo demasiado. Después de todo, si sale mal, el destino volverá a darte la oportunidad de reconstruirte de nuevo si le dejas.


No sé el tiempo que esto dure. Cada vez creo menos en los “para siempre” y me limito a disfrutar del momento sin augurar duración porque, seamos francos, nadie tiene ni puta idea de cuanto duran las cosas, de donde está nuestro lugar (si es que está en un sólo sitio)... y tendemos a no gozarlas lo suficiente sólo por pensar cuando dejarán de pertenecernos.

Y diréis: “Esta es la primera vez que te dejaste llevar en tu vida pero… ¿y la segunda?”.

Y eso ya es otra historia… una tan larga, espiritual y especial como la serie “Perdidos”, por ejemplo, de la que quizás sólo tengas la tercera temporada en dvd en algún estante de tu salón junto a una cámara de vigilancia que no está enchufada o al lado de una brújula antigua que puede que mantengas para no perder el norte… Pero dentro de ella, de esa serie especial, en el interior de ese pack, en uno de esos discos que esconden tan gran y épica historia, también hay un pedacito, en forma de carta, de otro capítulo de mi vida y de esa piscina que un día me atreví a nadar. Esa es la segunda parte a este post que sólo tu puedes leer.

jueves, 15 de abril de 2021

(Reflexión) "LA BUENA SUERTE"

A veces uno encuentra "un momento" donde menos se lo espera... Eso mismo me ha pasado hace un momento volviendo a casa, en este justo instante. Ya veis, nada especial...

Ya era de noche, por supuesto. La carretera estaba vacía, y la ciudad al fondo, justo detrás de mí y llena de luces... Y de pronto tuve esa sensación reconfortante en la que uno se siente orgulloso de lo que es y tiene. Y ahí estaba... Esta mañana me levanté con una buena sensación de que irían bien las cosas y, una vez más, no me equivoqué.

En ese momento, mientras conducía camino a casa me he sentido feliz... muy feliz por unos instantes... y no, no se alinearon los planetas. Tal vez la sensación de sentirse realizado, de haber aprovechado el día, de disfrutar de una bonita tarde/noche... Tal vez la canción que venía escuchando a todo trapo (seguro que también ha influido), tal vez el valorar por un momento sólo las cosas buenas de la vida, el abrir las ventanillas y respirar aire puro, esa brisa fresca de abril, la magia de una luna que crece cada día... Todo eso, en el momento perfecto, han logrado hacerme sentir, en serio, taaaan bien...

Y pensé en el origen de todo esto, en cuan afortunado soy (o me siento, al menos) y llegué a la conclusión de que la buena suerte es uno de los caminos que llevan a la felicidad pero ya sabemos que la suerte es efímera por naturaleza; una visita que llega a tomarse un té contigo al salón de tu corazón y a las que si le cedes un poco de sitio y se sienten cómodas, te acompañan horas o largos y gloriosos días hasta que deben marcharse para visitar a otros vecinos. Pero esta no viene sola a nuestro sofá ni llama a nuestra puerta (casi nunca) para saludarnos y acompañarnos un tiempo determinado, porque de antemano, no sabe donde vivimos, a no ser que salgas a conocerla para que te siga, descubra cuál es tu dirección y pueda regalarte algo de su tiempo. 

La buena suerte se busca... y si crees que se esconde en algún inhóspito lugar, se vuelve a buscar, sin desistir, con ganas... y lo haces hasta que se encuentra.

 

domingo, 15 de julio de 2018

(Reflexión) "LA PUERTA"





A todos se nos presenta un momento en la vida en el que debemos cerrar alguna puerta. 

Por mucho que duela hacerlo, siempre hay cosas que es mejor dejar atrás para seguir hacia delante y por mucho que temamos cruzarla, en el fondo siempre sabemos que es necesario hacerlo para sentirnos un poco más libres.
Conozco bien el miedo a lo que haya detrás cuando no sabes bien qué espera ahí afuera. A veces, ese terror nos invade a pesar de la cantidad de luz que veamos al otro lado. Y es ahí cuando, por muy oscuro que estés en tu pequeña y asfixiante habitación negra a la que parece que se le encogen las paredes con el paso de los minutos, acabamos sintiéndonos lo suficientemente cómodos los instantes justos como para no arriesgar y apostar por lo que nos depara el mundo detrás de esa puerta. 

Quizás no todos somos tan valientes ante lo desconocido y algunos necesitemos algo más de tiempo en atravesar, según que líneas, pero seguro que la sensación tan gratificante de descubrir ese mundo extraño cuando antes te llenaban las dudas y preguntas, las sentimos todos por igual desde el otro lado. 

Muchas veces creemos que no podemos estar mejor, por mal que nos vaya la vida, cuando ya hemos convertido nuestro sótano en un sitio de confort. Pero si lo pensamos bien, por mucha luz que creamos dejar atrás en ese sótano húmedo que ahoga, justo delante y entreabierta, tenemos la ocasión para darnos la segunda oportunidad que tanto merecemos.

Abramos la puerta! Respiremos hondo, crucemos el umbral y volvamos a cerrarla con un portazo de tal dimensión que resuene en la eternidad. Y una vez dentro de aquel nuevo lugar, prometamos nunca volver a miras atrás. Hagámoslo siempre hacia delante hasta que el tiempo nos ponga otra puerta en nuestras narices para abandonar esa nueva sala donde ya vaya oscureciendo. Y mientras lo haga, disfrutemos de la luz que nos ciega y abramos las ventanas que el destino vaya dibujando en aquel nuevo lugar. Disfrutemos de las vistas, del aire que renueve cada uno de aquellos rincones y aprovechemos cada rayo de luz que nos de calor.

Después de todo, la vida nunca debe ser oscura por demasiado tiempo…

domingo, 30 de octubre de 2016

(Reflexión) "SOÑADORES VS REALISTAS"




Todos somos diferentes, únicos, inimitables... Y eso nos hace especiales.

Cada uno tiene su carácter particular. Los hay que duermen solos aunque no quieran y los hay que duermen solos porque quieren, por ejemplo. Todos distintos pero algunos con un elemento común para sobrevivir: los sueños...

Puede que ese sea uno de los principales motores de nuestra vida, esa razón por la que luchar contra algo o por la que recobramos la ilusión por vivir incluso cuando, a veces, la vida no nos sonríe. En definitiva, un motivo para despertarse con fuerzas incluso un lunes o simplemente para regalarnos una sonrisa sincera entre tanto llanto amargo.

Porque no hay sueño imposible, porque soñar es gratis y sobretodo porque, como no podía ser de otra manera, todo lo que soñamos está al otro lado del miedo.

Y aunque en algunos momentos pensemos que la vida es de los realistas y no está hecha para los soñadores, hay otros instantes en los que nosotros somos los reyes de este mundo... porque quizás necesitemos a los realistas para que ellos nos impidan volar demasiado cerca del sol pero los realistas, sin los soñadores, nunca despegarían.


@_danibaez_

martes, 26 de julio de 2016

(Reflexión) "ENAMORARSE DE NUEVO"

Un día leí que da igual cómo fue nuestro primer amor o incluso el modo en que nos dimos cuenta de que lo era y, algo más tarde, de que no lo era… que no importa lo terrible que sea el recuerdo de nuestro primer beso o las veces que hayamos pensado: “no volveré a enamorarme”.

Todo eso da igual porque volvemos a enamorarnos y es entonces cuando todo lo demás pasa a un segundo plano.

Y ahí estamos otra vez… igual de ilusionados que el primer día, porque los hombres también lo sentimos así cuando queremos a una mujer… y pensamos que por qué esta vez no puede ser ELLA.
Incluso nos hemos llegado a convencer de que todas las mujeres son iguales… Pero, afortunadamente, no lo son.

Y las hay… aunque a veces nos cueste encontrarlas. Eso sólo es parte del encanto.

Y de repente la vemos.

Y el estómago nos da un vuelco.

Y todo lo demás desaparece como por arte de magia…

Y todo es nuevo.

Y le ves… a ELLA.

Y creemos que todo vuelve a ser posible.

Y avanzamos hacia ella en un impulso descontrolado y casi involuntario de nuestro cuerpo que apostaría a que es guiado por el corazón. Y ELLA cierra los ojos, y salta sin preocuparse de si hay suelo sobre sus pies.


Y nosotros apostamos todo al rojo.

Una décima de segundo lo cambia todo. El estómago no te engaña y se te eriza la piel como nunca antes lo había hecho cuando su mirada se cruza con la tuya en mitad de esa noche… La música se ralentiza, las conversaciones se funden con el ambiente y todo parece ir mucho más despacio salvo tu corazón.

Y ahora esperas que ella no huela tu miedo, que no te note nervioso.

Y vas acortando los interminables cinco metros que os separan.

En el camino te preparas por si todo va mal. Por si en realidad tendrá una nariz grande, un ojo tuerto, un herpes en el labio… pero a medida que acortas la distancia ves que no, que su nariz es perfecta, que sus ojos claros te miran fijamente y que su boca llama a la tuya.

Y te acercas para decirle algo al oído, y lo haces tanto que, a la vez que le hablas, puedes oler el champú con el cual se ha lavado el pelo.


Y le susurras algo bonito y esperas a que su sonrisa te responda. Y lo hace.






De repente la noche acaba y no te has dado cuenta.

Y a pesar de la gente solo os veis los dos bajo ese cielo, solo los dos en todo el planeta… Porque lo estáis.

Y llegas a casa. Y antes de dormir sonries al recordarla mientras le escribes un WhatsApp que le diga: “Buenas noches preciosa”.


Y a través de la distancia que separe tu cama de la suya… sabes que sonríe. Sabes que ahí, justo ahí… comienza algo nuevo. 



@_danibaez_


viernes, 20 de mayo de 2016

(Reflexión) "SOMOS LA GENERACIÓN QUE NO QUIERE RELACIONES"

Queremos una segunda taza de café para las fotos que subimos a Instagram los domingos por la mañana, otro par de zapatos en nuestras fotos artísticas de pies. Queremos poner en Facebook que tenemos una relación para que todo el mundo pueda darle a "me gusta" y poner un comentario, queremos una publicación digna del hashtag #ParejaPerfecta. Queremos tener a alguien con quien ir de "brunch" los domingos, con quien quejarnos los lunes, con quien comer pizza los martes y que nos desee buenos días los miércoles. Queremos llevar acompañante a las bodas a las que nos inviten (¿Cómo lo habrán hecho? ¿Cómo habrán conseguido un felices para siempre?). Pero somos de la generación que no quiere relaciones. 
Buceamos por Tinder en un intento de encontrar a la persona adecuada. Como si tratáramos de hacer un pedido a domicilio de nuestra alma gemela. Leemos artículos como "Cinco maneras de saber que le gustas" o "Siete formas de gustarle", con la esperanza de ser capaces de moldear a una persona para tener una relación con ella, como si de un proyecto de artesanía que hemos visto en Pinterest se tratase. Invertimos más tiempo en nuestros perfiles de Tinder que en nuestra personalidad. Y aun así no queremos tener una relación. 
Hablamos y escribimos mensajes de texto, mandamos fotos o vídeos por Snapchat y tenemos conversaciones subidas de tono. Salimos y aprovechamos la happy hour, vamos a tomar un café o a beber cerveza; cualquier cosa con tal de evitar tener una cita de verdad. Nos mandamos mensajes para quedar y mantener una charla insustancial de una hora solo para volver a casa y seguir manteniendo una charla insustancial mediante mensajes de texto. Al jugar mutuamente a juegos en los que nadie es el ganador, renunciamos a cualquier oportunidad de lograr una conexión real. Competimos por ser el más indiferente, el de la actitud más apática y el menos disponible emocionalmente. Y acabamos ganando en la categoría el que acabará solo. 
Queremos la fachada de una relación, pero no queremos el esfuerzo que implica tenerla. Queremos cogernos de las manos, pero no mantener contacto visual; queremos coquetear, pero no tener conversaciones serias; queremos promesas, pero no compromiso real; queremos celebrar aniversarios, pero sin los 365 días de esfuerzo que implican. Queremos un felices para siempre, pero no queremos esforzarnos aquí y ahora. Queremos tener relaciones profundas, pero sin ir muy en serio. Queremos un amor de campeonato, pero no estamos dispuestos a entrenar. 
Queremos alguien que nos dé la mano, pero no queremos darle a alguien el poder para hacernos daño. Queremos oír frases cutres de ligoteo, pero no queremos que nos conquisten... porque eso implica que nos pueden dejar. Queremos que nos barran los pies, pero, al mismo tiempo, seguir siendo independientes y vivir con seguridad y a nuestro aire. Queremos seguir persiguiendo a la idea del amor, pero no queremos caer en ella. 
No queremos relaciones: queremos amigos con derecho a roce, "mantita y peli" y fotos sin ropa por Snapchat. Queremos todo aquello que nos haga vivir la ilusión de que tenemos una relación, pero sin tener una relación de verdad. Queremos todas las recompensas sin asumir ningún riesgo, queremos todos los beneficios sin ningún coste. Queremos sentir que conectamos con alguien lo suficiente, pero no demasiado. Queremos comprometernos un poco, pero no al cien por cien. Nos lo tomamos con calma: vamos viendo a dónde van las cosas, no nos gusta poner etiquetas, simplemente salimos con alguien. 
Cuando parece que la cosa empieza a ir en serio, huimos. Nos escondemos. Nos vamos. Hay muchos peces en el mar. Siempre hay más oportunidades de encontrar el amor. Pero hay muy pocas de mantenerlo hoy en día... 
Esperamos encontrar la felicidad. Queremos descargarnos a la persona perfecta para nosotros como si fuera una aplicación nueva; que puede actualizarse cada vez que hay un fallo, guardarse fácilmente en una carpeta y borrarse cuando ya no se utiliza. No queremos abrirnos; o, lo que es peor, no queremos ayudar a nadie a abrirse. Queremos mantener lo feo tras una portada, esconder las imperfecciones bajo filtros de Instagram, ver otro episodio de una serie en vez de tener una conversación real. Nos gusta la idea de querer a alguien a pesar de sus defectos, pero seguimos sin dejarle ver la luz del día a nuestro auténtico yo. 
Sentimos que tenemos derecho al amor, igual que nos sentimos con derecho a un trabajo a jornada completa al salir de la universidad. Nuestra juventud repleta de trofeos nos ha enseñado que si queremos algo, merecemos tenerlo. Nuestra infancia rebosante de películas Disney nos ha enseñado que las almas gemelas, el amor verdadero y el felices para siempre existen para todos. Y por eso no nos esforzamos ni nos preguntamos por qué no ha aparecido el príncipe o la princesa azul. Nos cruzamos de brazos, enfadados porque no encontramos a nuestra media naranja. ¿Dónde está nuestro premio de consolación? Hemos participado, estamos aquí. ¿Dónde está la relación que merecemos? ¿Dónde está el amor verdadero que nos han prometido?
Queremos a un suplente, no a una persona. Queremos un cuerpo, no una pareja. Queremos a alguien que se siente a nuestro lado en el sofá mientras navegamos sin rumbo fijo por las redes sociales y abrimos otra aplicación para distraernos de nuestras vidas. Queremos mantener el equilibrio: fingir que no tenemos sentimientos aunque seamos un libro abierto; queremos que nos necesiten, pero no queremos necesitar a nadie. Nos cruzamos de brazos y discutimos las reglas con nuestros amigos, pero ninguno conoce el juego al que estamos intentando jugar. Porque el problema de que nuestra generación no quiera relaciones es que, al final del día, sí que las queremos.

(Traducción por Lara Eleno Romero 
de este artículo publicado originalmente 
el 29 de Abril de 2016 en Huffingtonpost.com)

viernes, 11 de marzo de 2016

(Reflexión) "AL FINAL..."

Hace ya casi diez años que empecé a escribir en un rinconcito de internet que hoy ya ni siquiera existe y aún recuerdo perfectamente el motivo que me llevó a ello.
Sin que aún esto de escribir se convirtiese en un pasatiempo, mas tarde en un hobbie, después en una pasión e incluso (a veces) convertirse en una jodida obsesión… dediqué diez párrafos a algo que, me vais a perdonar, pero dejé de creer con el tiempo… como tantas otras cosas desde mis dieciocho años hasta ahora.
Aquella primera reflexión ya empezó con polémica. A ver quien me iba a decir a mi que lo que pienso y mi manera de expresarme iban a levantar tantas ampollas desde la primera vez…
Posiblemente nunca mas vuelva a escribir aquellas mismas palabras hacia nadie, quizás releer aquello me de hoy mas risa que pena pero por entonces cada una de las frases que dije tenían el mayor de los sentidos, lo juro.

No tengo intenciones de recuperar aquel homenaje y guardarlo como recuerdo antes de que desaparezca para siempre del planeta. No hay motivos para hacerlo y recordarlo algún otro día.

Y no, aunque me arrepiento de muchas cosas de las que he hecho en mi vida hasta hoy, no penséis que me arrepiento de aquel agradecimiento en ningún momento. Si hoy mismo fuese 19 de octubre de 2007, sentiría exactamente lo mismo, odiaría a los mismos y mis héroes tendrían las mismas caras. Fueron el tiempo y la experiencia que ello conlleva los que mas cambiaron las cosas desde aquel entonces.

¡Es cierto! Ahora la foto se reduciría a una decimocuarta parte (aunque suene narcisista), el texto entero a la mitad (aunque me quedase corto) y el contenido en algo tan vacío e inexistente como aquella declaración lo será para internet en un espacio de tiempo.

"Nada de lo que pase hoy tiene que permanecer intacto mañana"

A veces creo que soy yo el que tengo un problema con el mundo, el que no confía en él lo suficiente, el que no le regala lo que parece estar pidiendo a gritos.
Otras veces llego a la conclusión de que el dilema es exclusivamente de este mundo, de la mayoría de su gente, de la falta de valores, de la escasa humanidad, de la inexistente empatía...

Al final… solo una teoría es la cierta…

viernes, 12 de febrero de 2016

(Reflexión) "ELLA"

Y ELLA le escribió sobre algún papel...


Hola ;)

Tranquilo, lo sé… somos más de hablar las cosas que de escribirlas pero te hice caso cuando dijiste que escribiendo todo es más fácil y me acabo de poner a comprobarlo. No hay nada nuevo que pueda decirte y mi único motivo para esta carta es que recuerdes siempre lo que fuimos, por aquello de que algún día ya no seamos.

Me da igual lo que digas… ¡Me encantas! Desde como intentas simular un enfado y tu risa acaba delatándote hasta como acabas enfadándote y lo solucionas todo con una sonrisa. Cuando duermes a mi lado, aunque no el número de noches que yo desearía que lo hicieses, y reposas ahí, dormidito como si no hubieras roto un plato en tu vida. O cuando mediste mis piernas a besos jajajaja Veintidós y medio si no recuerdo mal. Me encantas en todas tus formas y estados…

Y te admiro… Admiro tus superpoderes para levantar un mal día a cualquiera si te lo propones, tu entereza ante situaciones difíciles. Admiro los besos que me curaron en mis peores momentos pero sobretodo admiro tus sentimientos a pesar de que no se correspondan con los míos… Esa forma de olvidar a quien no crees que merece la pena por importante que haya sido en tu vida pasada o esa manera de borrar de la memoria el dolor para continuar con tu alegría particular.

Te recuerdo y lo haré siempre… porque resulta imposible olvidar noches como aquella en la que, en unos simples minutos, inventamos toda una vida juntos. Por instantes de placer que nadie mas me ha sabido dar o porque bien podrías regalarme las vacaciones de mi vida aunque fuesen en una choza gitana solo por el hecho de estar conmigo.

Te adoro. Adoro la forma en que cantas un solo mientras conduces sin importarte una mierda que piensen los del coche de al lado y me ganas hasta el punto de acompañarte con algún que otro dueto a viva voz como si no hubiese un mañana. Adoro cuando chascas tus uñas sobre la palanca de cambios del coche al ritmo de alguna canción o melodía, cuando me acaricias el pelo o cuando pareces tocar la guitarra en el volante mientras conduces. Te adoro por mordisquear mis labios en cada beso o por momentos como aquella conversación telefónica hasta el amanecer, cada uno en su cama. A ti, a tu cuerpo ya sea desnudo o vestido, ya sea en verano o después de las navidades xD

Pero también te odio por algunas razones…

Por no quererme como yo a ti por ejemplo. Por no arroparme con un abrazo todas las noches de nuestra vida juntos o por no callarme con un beso zanjando una discusión en mil y un momentos que me pongo insoportable.

Y por supuesto… te quiero! Por ser como eres: mi bicho raro. Pero te quiero sin cambiarte un solo ápice. Por tu sinceridad sin escrúpulos y por tu tacto respecto a algunos temas. Porque aunque me digas palabras que me duelen o, mas bien, no me regales frases que desearía oír, no me hacen el daño que quizás debieran si salen de tu boca.

Te quiero a pesar de cambiar una tarde entera a mi lado por quedarte con los tuyos… con la gente que quieres y a pesar de morirme por formar parte de ese selecto grupo. Te quiero aunque tu solo me desees y lo hago porque no pretendes engañarme diciéndome tus sentimientos desde un principio.

Y te quiero de tal modo que finjo que me gusta alguna película solo por quedarme a tu lado hora y media de un reloj, hasta el punto en que dejo que te comas el último pedazo de chocolate Milka de mi nevera y de tal forma que no me importa lo más mínimo esperar a que le des al “pause” del mando a distancia para escucharme.

¡Por todo lo que debería odiarte… te quiero!



Escógeme. Quédate conmigo… ¡Quiéreme!